Delcy Rodríguez, en su rol de presidenta interina de Venezuela tras el arresto y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos, encabezó su primera reunión de gabinete en el Palacio de Miraflores donde optó por convocar a una agenda de cooperación internacional, en señal de apertura hacia Washington. Lo llamativo, fue que no elevó reclamos por la liberación del exmandatario, retenido y expulsado del país por Donald Trump.
El encuentro, que el oficialismo buscó presentar como una muestra de estabilidad institucional, estuvo centrado en cuestiones de gestión y coordinación interna, en un contexto marcado por la atención internacional sobre los próximos movimientos del Ejecutivo venezolano y la redefinición de su política exterior.
Tras la reunión, Rodríguez difundió un mensaje en redes sociales en el que invitó al gobierno estadounidense a “trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido”, en respuesta a las advertencias de Donald Trump para que Caracas colabore con la reconstrucción del país.
En ese texto, la dirigente apeló a un tono conciliador al sostener que “nuestros pueblos y nuestra región merecen la paz y el diálogo, no la guerra”, y remarcó que ese enfoque, según afirmó, “ha sido siempre el predicamento del Presidente Nicolás Maduro y es el de toda Venezuela en este momento”.
La publicación se conoció luego de que Trump advirtiera en una entrevista con The Atlantic que, si la presidenta interina “no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente más alto que Maduro”. Más tarde, este afirmó que Rodríguez estaba “cooperando”, sin descartar represalias.
Mientras tanto, el hijo del exmandatario, Nicolás Maduro Guerra, rompió el silencio con un mensaje en el que habló de “traiciones” internas y llamó a sostener la movilización en las calles, en una señal de fisuras dentro del chavismo, justo cuando la nueva jefa del Ejecutivo evita confrontar de forma directa con Estados Unidos y redefine su estrategia discursiva.