El presidente Javier Milei salió a festejar el dato de inflación de diciembre, que marcó un 2,8%, con un mensaje en redes sociales dedicado al ministro de Economía, Luis Caputo: “Toto, el más grande”. La celebración oficial contrastó con la situación cotidiana de millones de argentinos, que no lograron recuperar el poder adquisitivo perdido a lo largo del año.
Según el Índice de Precios al Consumidor difundido por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, la inflación acumulada en 2025 fue de 31,5%, el registro más bajo en ocho años. El Gobierno presentó el número como un éxito de su programa económico, apoyado en un fuerte ajuste fiscal y monetario, que tuvo impacto directo sobre ingresos, empleo y actividad.
El dato de diciembre mostró subas significativas en rubros sensibles como Transporte (4%) y Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (3,4%), componentes que pesan con fuerza en los presupuestos familiares. La contención del índice general se explicó, en parte, por menores aumentos en sectores como indumentaria y educación, que no lograron compensar el encarecimiento de los servicios básicos.
Mientras Milei celebró la desaceleración inflacionaria como un triunfo político, distintos sectores económicos y sociales advirtieron que la baja de los precios no se tradujo en una mejora real del salario ni de las jubilaciones. Por el contrario, la licuación de ingresos fue uno de los pilares del ajuste, en un contexto de consumo retraído y creciente endeudamiento de los hogares.
Así, el festejo presidencial dejó al descubierto una brecha cada vez más profunda entre los números que exhibe el Gobierno y la experiencia diaria de la población. La inflación bajó, pero el poder adquisitivo siguió sin recomponerse, una realidad que puso en duda la narrativa oficial del “éxito” económico que Milei y su ministro celebraron con entusiasmo.