Las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán para reencauzar el acuerdo nuclear volvieron a romperse.
Las rondas que se desarrollaban en Ginebra, con mediación internacional, concluyeron sin avances después de que Teherán rechazara nuevas exigencias vinculadas a límites más estrictos al enriquecimiento de uranio y a mecanismos de supervisión adicionales.
Desde Washington sostienen que las condiciones buscaban garantizar que el programa nuclear iraní no derive en capacidad militar; desde Irán insisten en su derecho soberano al desarrollo nuclear con fines civiles.
La ruptura se produjo en paralelo a un movimiento visible en el plano militar.
Estados Unidos reforzó su presencia en Medio Oriente con el envío de activos navales y sistemas de defensa aérea, en lo que distintos reportes describen como uno de los mayores despliegues recientes en la región. Irán, por su parte, realizó maniobras en el estrecho de Hormuz y reiteró advertencias frente a cualquier intento de presión adicional.
El impacto en el precio del petróleo
El precio del crudo Brent subió con fuerza y operadores energéticos advierten que una alteración en el tránsito por el estrecho de Hormuz - por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo -
podría empujar el barril hacia los 100 dólares. La combinación de negociaciones fallidas, despliegues militares y advertencias cruzadas volvió a colocar a la región en el centro de la escena geopolítica y financiera internacional.
La crisis entre Irán y EEUU
El periodista Joshua Keating, corresponsal senior de Vox,
analizó esta semana el fuerte despliegue militar de Estados Unidos en Medio Oriente. Según Keating, el cambio respecto de comienzos de año es notable: en enero, Donald Trump había amenazado con una acción militar tras la represión de las protestas en Irán, pero finalmente dio marcha atrás por falta de recursos suficientes en la región y por la presión de aliados y asesores, mientras el Pentágono estaba concentrado en operaciones en Venezuela. Hoy, en cambio, el escenario es muy distinto.
De acuerdo al análisis publicado por Vox, Estados Unidos desplegó dos grupos de ataque de portaaviones en la región, cada uno con tres destructores de escolta, además de media docena de otros buques de superficie y, casi con seguridad, submarinos nucleares cuya ubicación no se hace pública. A esto se suman decenas de aviones - incluidos cazas F-22 y F-16 y aeronaves de vigilancia -, en lo que constituye la mayor concentración de poder aéreo en Medio Oriente desde la antesala de la invasión a Irak en 2003. Washington también reforzó sus baterías de defensa antiaérea, debilitadas tras los ataques con misiles y drones iraníes durante la llamada “guerra de los 12 días” en junio. Para los analistas citados por Keating, este despliegue alcanza para sostener un enfrentamiento de varias semanas, no solo de unas pocas horas o días.
Las declaraciones de Trump
El propio presidente estadounidense, Donald Trump, declaró recientemente que podría resolverse el rumbo de la crisis en un plazo muy breve. En la inauguración de la “Junta de Paz” en Washington, Trump afirmó que
“quizás tengamos que ir un paso más allá, o quizás no. Quizás lleguemos a un acuerdo. Lo sabrán probablemente en los próximos diez días” si no se cierra un pacto nuclear significativo con Irán. El mandatario insistió en que “si no sucede, sucederán cosas malas” y en la necesidad de que Teherán se una a Estados Unidos en un camino que complete “lo que estamos haciendo”.
Según Trump, ese plazo de diez días será clave para definir si se continúa con las conversaciones diplomáticas o si se opta por una escalada militar. Aunque el mandatario no ha tomado una decisión final sobre autorizar posibles ataques - que
fuentes señalan podrían ocurrir incluso este mismo fin de semana - reafirmó que Irán “no puede tener armas nucleares” y que debe llegar a un acuerdo “significativo” con Washington para evitar consecuencias más duras.