El escenario internacional volvió a tensarse con una combinación de crisis militares, disputas energéticas y reacomodamientos políticos. Mientras Rusia intensificó sus ataques sobre Ucrania con misiles hipersónicos, Estados Unidos e Irán avanzan en una negociación que podría reabrir el estrecho de Ormuz y aliviar parcialmente la presión sobre los mercados energéticos.
Ucrania, Irán y el riesgo nuclear
Rusia lanzó sobre Kyiv una ofensiva con 600 drones y 90 misiles, incluido el misil hipersónico Oreshnik, con capacidad de portar carga nuclear. El ataque dejó muertos, decenas de heridos y daños en infraestructura civil y cultural, según reportes desde Ucrania.
En paralelo, la negociación entre Washington y Teherán aparece como una de las claves del momento.
AP informó que Estados Unidos e Irán están cerca de un entendimiento que incluiría el fin de la guerra, la reapertura del estrecho de Ormuz y la entrega del uranio altamente enriquecido iraní, aunque los plazos y detalles siguen abiertos.
El trasfondo es más amplio: la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear volvió a fracasar sin acuerdo, en un contexto donde las potencias exhiben cada vez más dificultades para sostener reglas comunes de control nuclear.
China gana centralidad
La secuencia diplomática en Beijing mostró otro dato de época: Xi Jinping recibió
primero a Donald Trump y luego
a Vladimir Putin, en una señal del lugar que China ocupa como árbitro de una relación triangular cada vez más desigual. Según Invezz, Trump buscó acuerdos comerciales y Putin garantías estratégicas, pero Beijing evitó comprometerse plenamente con ninguno.
Ese movimiento confirma una tendencia: China no necesita elegir entre Washington y Moscú para ganar poder. Puede administrar tensiones, comprar energía rusa con ventaja, negociar con Estados Unidos desde una posición de fuerza y sostener su margen de maniobra.
Elecciones en Colombia
El escenario electoral colombiano aparece como uno de los más abiertos e inciertos de América Latina. Las presidenciales de 2026 llegan después del ciclo de gobierno de Gustavo Petro, en un contexto de desaceleración económica, conflictividad territorial y fuerte polarización ideológica. Lo que está en juego no es solo un cambio de presidente, sino el rumbo del experimento político iniciado por la izquierda colombiana en 2022.
Las encuestas muestran un mapa fragmentado. La dirigente conservadora Paloma Valencia emerge como una de las figuras más competitivas del espacio de derecha, mientras Iván Cepeda aparece como una de las referencias del progresismo cercano al petrismo. Abelardo de la Espriella, con un discurso de orden y seguridad, intenta capitalizar el voto antipolítica y antiizquierda.
Pero el trasfondo excede a los nombres propios. La elección funciona como un plebiscito sobre tres grandes temas: seguridad, economía y gobernabilidad. La persistencia de grupos armados, el aumento de algunas formas de violencia regional y el desgaste del proyecto reformista de Petro reorganizaron el debate público alrededor de demandas de orden y estabilidad.
Al mismo tiempo, el oficialismo intenta defender parte de su agenda social argumentando que las resistencias institucionales y empresariales bloquearon varias reformas estructurales. Esa discusión divide especialmente a los votantes jóvenes y urbanos, donde todavía existe apoyo a algunas banderas progresistas, pero también frustración por los resultados económicos y la inseguridad.
Otro dato relevante es el peso del voto exterior. Colombia habilitó una semana completa de votación para ciudadanos residentes fuera del país, entre el 25 y el 31 de mayo, en consulados y sedes diplomáticas. El gobierno colombiano espera una participación récord de emigrados, especialmente en Estados Unidos y España, donde la polarización política también se trasladó a las comunidades migrantes.
La elección colombiana también se sigue de cerca en Washington y en toda América Latina porque puede marcar el futuro del llamado “giro progresista” regional. Una derrota del espacio ligado a Petro fortalecería a las derechas latinoamericanas en un momento de repliegue de varios gobiernos progresistas. Una continuidad, en cambio, mostraría que todavía existe margen para proyectos de izquierda moderada pese al contexto económico complejo.
Europa y el malestar social
En España, miles de personas marcharon en Madrid contra el precio de la vivienda. La protesta denunció la suba de los alquileres, el peso de los fondos de inversión y la falta de respuestas frente a una crisis habitacional que ya se convirtió en un eje político central.