En ese escenario, los bonos soberanos en dólares registraron subas generalizadas en Wall Street, mientras que la bolsa porteña también acompañó el movimiento con avances en los principales papeles. El sector bancario encabezó las mejoras, con incrementos de hasta 4,5% en los ADRs, lo que impulsó al índice Merval tanto en pesos como en su medición en dólares.
El riesgo país mostró un retroceso moderado y volvió a ubicarse por debajo de los 600 puntos básicos, aunque sin lograr perforar con claridad ese umbral simbólico que marca el nivel de desconfianza de los inversores. La dinámica evidenció un mercado todavía sensible a los shocks externos y condicionado por la evolución del frente financiero.
A nivel internacional, la volatilidad continuó dominando la escena. La escalada en Medio Oriente y la recuperación del precio del petróleo presionaron sobre los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, fortalecieron al dólar y limitaron el alcance del rebote en las acciones. En paralelo, la suba de los commodities energéticos comenzó a trasladarse al costo de los combustibles en la economía local.
En el plano político doméstico, el Gobierno buscó instalar agenda con iniciativas vinculadas a reformas legales, mientras los indicadores de confianza mostraron un deterioro mensual. El repunte financiero, así, convivió con señales de fragilidad estructural y dejó expuesto que el alivio de los mercados todavía depende más de factores externos que de certezas propias.