
La administración estadounidense avanza con una estrategia para redefinir el mapa del terrorismo global y ampliar su foco hacia organizaciones y movimientos de izquierda, según
reveló el New York Times. En ese esquema, busca involucrar a gobiernos aliados - entre ellos Argentina - en una agenda que ya genera resistencias en Europa.
El gobierno de Estados Unidos impulsa un viraje en su política antiterrorista. Además de las amenazas tradicionales, como el terrorismo islamista, la Casa Blanca quiere que sus aliados incorporen como prioridad lo que define como “terrorismo de extrema izquierda”.
La iniciativa fue planteada en reuniones internacionales de seguridad y forma parte de una estrategia más amplia para alinear a gobiernos de distintos países detrás de esta nueva definición.
Según documentos y funcionarios citados en la nota,
Argentina figura entre los países convocados a participar de talleres y encuentros internacionales donde se promoverá esta agenda.De acuerdo a la publicación, el Departamento de Estado busca organizar en mayo un taller en La Haya para funcionarios extranjeros de fuerzas de seguridad, con el objetivo de enseñarles sobre los peligros de los grupos de extrema izquierda y cómo contrarrestarlos.
La convocatoria incluye también a Brasil, México, India y varias potencias europeas. El objetivo es construir una red de cooperación para investigar, limitar financiamiento y eventualmente sancionar a organizaciones vinculadas a estos espacios.
Uno de los principales promotores es Sebastian Gorka, funcionario del Consejo de Seguridad Nacional, que viene presionando para que más grupos de izquierda sean catalogados como organizaciones terroristas. En esa línea, el Departamento de Estado ya avanzó con la designación de cuatro grupos europeos - en Grecia, Alemania e Italia -, una decisión que marca el rumbo de esta política.
La iniciativa genera cuestionamientos dentro y fuera de Estados Unidos.
Funcionarios actuales y exfuncionarios advierten que la estrategia podría politizar el uso del aparato antiterrorista y abrir la puerta a investigaciones sobre opositores.
También señalan la falta de evidencia que respalde la magnitud de la amenaza. En la última década, los ataques vinculados a la extrema izquierda en EE.UU. provocaron una cantidad significativamente menor de víctimas que los de la extrema derecha o el yihadismo.
En Europa, varios gobiernos recibieron el planteo con escepticismo. En algunos casos, incluso, autoridades locales sostuvieron que los grupos señalados no representan un riesgo terrorista actual. La ofensiva de la Casa Blanca busca reconfigurar las prioridades de seguridad a nivel internacional y reabrir el debate sobre qué se considera terrorismo.