
La guerra con Irán empieza a mostrar uno de sus efectos más inmediatos y visibles: el transporte aéreo. Europa enfrenta una crisis inédita de abastecimiento de combustible para aviones que podría derivar en cancelaciones masivas en cuestión de semanas.
Europa tiene “quizás seis semanas” de combustible para aviación disponible. La advertencia fue lanzada por el director de la Agencia Internacional de Energía (IEA), Fatih Birol, en medio del impacto creciente del conflicto en Medio Oriente sobre los mercados energéticos globales.
El problema central es geopolítico: la guerra provocó el bloqueo de rutas clave de exportación de petróleo, en particular el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico por donde circula una parte sustancial del suministro energético mundial. La interrupción de ese flujo está afectando de manera directa a Europa, altamente dependiente de las importaciones de combustible refinado.
Un cuello de botella energético
El impacto no es menor. Europa importa cerca del 75% de su combustible para aviación desde Medio Oriente, lo que la vuelve especialmente vulnerable ante cualquier interrupción en esa región.
Aunque todavía llegan cargamentos enviados antes del agravamiento del conflicto, esas reservas están empezando a agotarse. La advertencia de la IEA es clara: si el flujo no se restablece, las cancelaciones de vuelos podrían comenzar “pronto”.
Algunas señales ya están a la vista. Aerolíneas europeas comenzaron a ajustar operaciones, reducir frecuencias e incluso cancelar rutas para evitar pérdidas ante el aumento del precio del combustible.
Precios en alza y presión sobre la economía
La crisis no se limita al transporte aéreo. El precio del petróleo subió más de 30% desde el inicio de la guerra, lo que impacta directamente en los costos logísticos, la inflación y el funcionamiento general de las economías.
En paralelo, el encarecimiento del combustible ya empieza a trasladarse a los pasajes, mientras la incertidumbre reduce la demanda de viajes, especialmente hacia destinos cercanos al conflicto.
El escenario es lo suficientemente delicado como para que el propio Birol lo haya definido como “la mayor crisis energética que hemos enfrentado”.
Planes de emergencia y un verano en duda
Frente a este panorama, las aerolíneas le reclamaron a la Unión Europea medidas urgentes: desde compras conjuntas de combustible hasta cambios regulatorios para enfrentar la escasez.
Al mismo tiempo, Bruselas trabaja en un plan de contingencia para asegurar el abastecimiento, mientras aumentan las importaciones desde Estados Unidos para compensar la caída de suministros del Golfo.
Sin embargo, los tiempos del mercado energético son más lentos que los del calendario turístico. Si la crisis se prolonga, Europa podría enfrentar un verano con menos vuelos, pasajes más caros y aeropuertos operando al límite.
Lo que empezó como un conflicto regional ya se transformó en un problema global. Y en el cielo europeo, la escasez empieza a sentirse antes que en ningún otro lugar.