Tras conocerse la cifra de inflación correspondiente a marzo, que se ubicó en 3,4%, el presidente
Javier Milei intentó dar una explicación lógica a la suba e intentó minimizar el problema que debe enfrentar su administración al decir que, "tomando la núcleo y sacando el efecto de la carne", el número está "igual que el mes pasado, en 2,5%".
Lo cierto, es que hay un antecedente a este tipo de medición que, si bien no es oficial, fue sugerida por el mandatario en el AmCham Summit 2026: durante la última dictadura, el entonces ministro de Economía
José Alfredo Martínez de Hoz impulsó un índice de precios que excluía la carne en un intento desesperado por mostrar una inflación más baja.
La iniciativa se implementó en julio de
1979, cuando la suba de precios se había vuelto inmanejable para el gobierno de facto y la
carne acumulaba incrementos cercanos al 300% anual, convirtiéndose en uno de los principales motores de la inflación.
En ese contexto, se difundieron en paralelo dos indicadores: el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y otro que no contemplaba las carnes rojas ni sus derivados.
De ese modo, mientras la inflación acumulada en los primeros ocho meses del año alcanzaba el 95,7%, el índice “sin carne” arrojaba un 85,8%.
La maniobra no logró modificar la dinámica económica, ya que los contratos y mecanismos de actualización continuaron tomando como referencia el índice general, lo que dejó en evidencia las limitaciones de ese tipo de herramientas.
No es la primera vez que se intenta relativizar el impacto de determinados precios en la medición oficial, puesto que, a lo largo de las últimas décadas, distintos gobiernos recurrieron a mecanismos alternativos para amortiguar o reinterpretar los datos inflacionarios, en especial cuando productos de alto consumo, como la carne, empujan con fuerza el índice general.
"Marzo es un mes con una estacionalidad muy negativa en términos de inflación”, intentó salvar Milei ante la Cámara de Comercio de los Estados Unidos el pasado martes, para agregar luego que esos "factores puntuales van a desaparecer y la inflación va a caer”. Sin embargo, el INDEC registró que
la carne tuvo aumentos interanuales de entre 55% y 61,5%, muy por encima de la inflación general del 32,6%, y fue uno de los rubros de mayor incidencia en alimentos, mientras que en marzo los precios volvieron a escalar más de 10% -según datos del IPCV-, en un contexto de menor oferta, presión internacional y caída del consumo que ya alcanza niveles históricos, lo que pone en duda que se trate de un fenómeno pasajero.