De acuerdo a un análisis de la ONG Oxfam publicado en Santa Marta, Colombia, en el marco de la primera conferencia mundial sobre transición hacia la eliminación de combustibles fósiles,
las seis principales empresas petroleras (Chevron, Shell, BP, ConocoPhillips, Exxon y TotalEnergies) incrementarán sus beneficios en casi 37 millones de dólares diarios en comparación con 2025.
Los beneficios proyectados de 94 mil millones de dólares para 2026 contrastan brutalmente con la realidad: millones de personas en el Sur Global se ven forzadas a elegir entre calentar sus hogares, cocinar alimentos o iluminar sus espacios. El dinero que estas corporaciones generan en un segundo equivaldría, si se redistribuyese, a satisfacer las necesidades energéticas modernas de poblaciones enteras que aún carecen de acceso a la electricidad.
La opinión ciudadana gira hacia las renovables
Una encuesta de Oxfam realizada en siete países (Reino Unido, Francia, Brasil, Turquía, Australia, Países Bajos y Colombia) en abril de 2026 reveló un dato político importante: el apoyo ciudadano a la inversión pública en energías renovables triplica el respaldo a aumentar la extracción de combustibles fósiles. Además, el 68 por ciento de los encuestados apoyan la creación de impuestos sobre los beneficios de las grandes petroleras para financiar la transición energética.
Lo notable es que este apoyo atraviesa líneas partidarias. En seis de los siete países,
incluso votantes de la extrema derecha apoyan gravar a las empresas petroleras más que rechazarlo. Esto sugiere que la demanda por justicia energética ha dejado de ser un tema exclusivo de la izquierda para convertirse en una posición transversal.
Desigualdad en el corazón de la crisis climática
Mariana Paoli, responsable de políticas climáticas de Oxfam, sintetiza el problema: "Una transición justa que abandone los combustibles fósiles debe apoyar a las personas de los países más pobres, que son las más afectadas por las catástrofes climáticas".
Los gobiernos del Sur Global gastan más dinero en pagar deudas que en educación, salud o adaptación climática. Mientras tanto, el 1 por ciento más rico - ubicado mayormente en el Norte Global - se lucra con la destrucción climática que estas empresas generan.
El informe destaca cómo el 0,1 por ciento más rico socava activamente los esfuerzos de transición energética justa mediante consumo excesivo de presupuesto de carbono e inversión en industrias intensivas en combustibles fósiles. Para dimensionarlo: si se redistribuyera el consumo energético de un solo año del 1 por ciento más rico, se podrían satisfacer siete veces las necesidades energéticas de toda la población mundial sin acceso a electricidad.
El rechazo corporativo a la transición
Las empresas petroleras responden a esta presión con gestos contradictorios. Exxon Mobil anunció hace poco una reducción de un tercio de su inversión prevista en proyectos de energía baja en carbono. TotalEnergies rechazó adoptar un plan de transición hacia cero emisiones netas alineado con el límite de 1,5 grados Celsius del Acuerdo de París.
Estos movimientos confirman lo que Oxfam advierte: las corporaciones de combustibles fósiles y los superricos que se benefician de ellas no tienen intención alguna de invertir en un futuro limpio. Prefieren afianzar la desigualdad global y dar la espalda a las poblaciones más vulnerables a la crisis climática.
Las demandas de Oxfam para Santa Marta
Ante la conferencia en Colombia, Oxfam insta a los gobiernos a tomar tres medidas concretas:
- Aumentar financiación pública para el clima. Introducir impuestos sobre los beneficios de empresas petroleras y superricos.
- Abordar la deuda soberana mediante cancelación y reestructuración justa en el marco de Naciones Unidas.
- Poner la justicia en el centro.
- Aplicar principios de desinversión responsable donde las empresas de combustibles fósiles enfrenten el daño ambiental causado y se priorice la participación de comunidades afectadas por la extracción.
- Equidad histórica. Crear una hoja de ruta que refleje la responsabilidad histórica de cada Estado, su capacidad financiera y su dependencia actual de combustibles fósiles, evitando que los países pobres carguen con el costo de transiciones que otros países enriquecieron mediante extracción.
¿Por qué importa en Argentina?
Aunque Argentina es menor productor petrolero respecto a potencias como Exxon o Shell, el país enfrenta dilemas similares. La transición energética argentina está atada a tensiones entre presupuesto fiscal, inflación y acceso a energía asequible. Un impuesto a los beneficios de combustibles fósiles - como propone Oxfam - podría financiar tanto transición energética como subsidios para poblaciones vulnerables, reduciendo la pobreza energética.
¿Cuánto dinero ganan exactamente estas empresas al día?
Las seis empresas petroleras principales obtendrían unos 256 millones de dólares diarios en 2026.
¿Por qué no invierten ese dinero en energías renovables?
Porque el corto plazo es más rentable. Las renovables requieren inversión inicial mayor y compiten en un mercado donde el petróleo aún domina. Las corporaciones priorizan dividendos a accionistas sobre transición climática.
¿Puede un impuesto a las petroleras resolver la crisis energética?
No solo. Es una pieza necesaria pero insuficiente. Requiere además: regulación estatal fuerte, inversión pública masiva en renovables, y políticas de acceso universal. Oxfam propone el impuesto como herramienta de financiación, no como solución única.