Por Pablo Dipierri
El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, consiguió ayer que la Legislatura aprobara por 32 votos positivos contra 26 negativos la autorización para que la Ciudad emita nuevos bonos de deuda por valor de 890 millones de dólares. Con el apoyo del bloque oficialista en pleno, los diputados lilitos Maximiliano Ferraro y Paula Oliveto (Coalición Cívica) y sus pares de Confianza Pública, Graciela Ocaña y Cristina García, el Ejecutivo local se alzó con el aval para endeudarse en moneda extranjera y bajo jurisdicción inglesa, habilitando a los tribunales británicos a convertirse en escenarios para la eventual dimisión de conflictos que pudieran surgir con los bonistas.
El proyecto de ley había llegado al recinto con dictamen de mayoría desde la Comisión de Presupuesto y Hacienda, presidida por el edil Alejandro García (Pro) e integrada por 11 legisladores que responden a Bolívar 1 y 10 opositores. Cuando defendió la norma en la sesión, el titular de la comisión sostuvo que “una transacción como la descripta impactaría de manera positiva en el creciente interés mostrado por los inversores internacionales en la Argentina”, y añadió que con esta iniciativa se favorecerían “la inversión y el futuro ingreso de divisas en el país, continuando con la reacción positiva luego de las transacciones de YPF, el reciente acuerdo con el Club de París y el comienzo de las negociaciones con los acreedores” que litigan contra el país en el juzgado de Thomas Griesa.
Por otro lado, los diputados del Frente Para la Victoria, el Frente de Izquierda y un sector de UNEN se manifestaron en contra del endeudamiento. El ex canciller Jorge Taiana fundamentó su rechazo en el hecho de que “este es un momento en el que tomar deuda no parece razonable ni oportuno”, mientras que el legislador José Campagnoli (Nuevo Encuentro) objetó que se tome “nueva deuda en dólares” y se aumente el pasivo “en relación con el presupuesto porque la Ciudad se va convirtiendo en rehén”.
Un ministro satisfecho
En declaraciones exclusivas a Política Argentina, el ministro de Hacienda porteño, Néstor Grindetti, se mostró satisfecho con la autorización obtenida. “Nos acompañó parte de la oposición”, dijo, y agregó que “este bono le abre un panorama a la Ciudad”.
Consultado sobre la conveniencia de que el distrito emita bonos de deuda en medio del brutal litigio con los Fondos Buitre, Grindetti reconoció la “volatilidad” de los mercados en este contexto pero confió en que la situación “va a encaminarse”. Y en ese sentido, explicó que los títulos que la Ciudad lanzará constituyen “un canje” ante los vencimientos que el Gobierno porteño debería enfrentar en 2015 y 2017: “el bono es para anticipar la cancelación de la deuda del año que viene”, argumentó.
Este portal de noticias quiso saber el detalle de las obras de infraestructura que se afrontarían con el dinero que ingrese con la inminente emisión, pero el funcionario desconoció el destino de los recursos que vendrían. “No son obras con nombre y apellido sino que es un plan de obras general”, se excusó, y aclaró: “No tienen destino específico”.
Tal había sido el nudo de las objeciones de la mayoría de los opositores, durante la sesión. “Es un canje parcial con recursos para obras que no se detallan”, despotricó el ex jefe de Gobierno y actual legislador, Aníbal Ibarra.
Sin embargo, el endeudamiento del Pro no es una novedad. Y la impericia derivada de la instrumentación de la colocación de títulos, un derrotero desopilante.
Para bailar el tango, se necesitan dos.
Entre 2008 y 2013, el Gobierno porteño triplicó la deuda externa de la Ciudad. Según el informe realizado por La Fábrica Porteña, usina de información y relevamiento de políticas públicas que responde al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, el Estado local tenía un pasivo de 574 millones de dólares cuando Macri asumió y carga ahora con un pasivo de 1794 millones de dólares.
Ya el año pasado, mientras se discutía en la Legislatura el presupuesto para el corriente ejercicio económico, los diputados advertían que aumentarían los recursos destinados al pago de servicios de deuda, que fueron de $825 millones en 2013 y ascenderían a $1396 millones para 2014. No obstante, al macrismo le alcanzó con el acompañamiento de la UCR, una parte de la bancada de la Coalición Cívica y una porción de Proyecto Sur para que la Ley de Leyes saliera como por un tubo.
En los pasillos de la Legislatura, los sobrevivientes a los sucesivos recambios parlamentarios consignan el papelón de los bonos Tango como una síntesis de las torpezas –o ingenios- de la administración Pro. Fechados en 2010 pero con vencimiento para 2015, esos títulos servirían para el financiamiento de obras en la red de subterráneos, escuelas y hospitales por 475 millones de dólares.
La sorpresa llegaría cuando trascendiera el costo de la tasa de interés que el distrito tributaría. Justo cuando la Nación abría el segundo canje para la reestructuración de la deuda soberana, la Ciudad se comprometía pagando tasas al 12,5 por ciento, una aberración para el elenco de economistas kirchneristas.
En tanto, las frutillas del postre fueron, por un lado, el nombre de los comisionistas y encargados de garantizar la operatoria y, por el otro, el oneroso pago de sus servicios. La firma escogida por Grindetti para instrumentar la mecánica de la operación fue Credit Suisse pero su representante local era la empresa KBR Corporate Finance, comandada por Edgardo Srodek, hermano de Jorge –quien era por entonces diputado nacional por el Pro y había sido vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap)-. Los especialistas calcularon, por aquellos días, que KBR percibió una comisión de 5,9 millones de dólares.
Si bien los operadores financieros de bancos como el City y Barclays deslizaron que ofrecían al Gobierno porteño comisiones de 0,25 por ciento y Credit Suisse y KBR se alzaron con dividendos por el 0,75 por ciento, desde el Pro justificaron la maniobra alegando que los que se mostraban generosos públicamente actuaban con despecho, por quedarse fuera de la operatoria.
La Asociación Civil por la Igualdad la Justicia (ACIJ) denunció el entuerto. “A lo largo del año, diversas jurisdicciones realizaron emisiones de títulos de deuda pública, interviniendo bancos públicos y privados, más nunca consultoras de dudosa experiencia en el mercado”, señalaba la ONG. “Fuimos todos sobreseídos”, fue la lacónica respuesta que dio ayer Grindetti a Política Argentina.
Perlitas
La desinteligencia y las sospechas ascenderían al grado de grotesco cuando el Gobierno porteño admitiera que debía refinanciar su deuda sin haber invertido un solo peso en las tareas anunciadas. Sucedió que, al momento en que ingresaron los fondos correspondientes a la emisión de los bonos Tango, no se habían licitado las obras para las líneas A, B y H del subterráneo y la Ciudad pesificó el dinero, realizó inversiones financieras y el distrito perdió unos 30 millones de pesos. Los recursos habían estado durmiendo en las arcas del Banco Ciudad pero se depreciaron.
Un informe del Grupo de Estudios de Economistas Nacional y Popular (Geenap) revela que “el endeudamiento del Pro responde a una lógica de valorización y especulación financiera”. Con la nueva emisión, el macrismo busca postergar los vencimientos por 2349 millones de pesos previstos para 2015 y 2154 millones de pesos contemplados en 2017.
A 7 años de su asunción, Macri paga deuda con más deuda. Las consecuencias, estiman los especialistas, van a prolongarse en el tiempo.