15.04.2015 /

Promesas irresponsables


por Enzo Domínguez Prost


En caso de ser elegido como presidente, Mauricio Macri prometió, entre otras cosas, levantar el cepo cambiario el primer día de su gestión. La decisión estaría enmarcada en un conjunto de políticas que colaborarían a alcanzar las condiciones macroeconómicas que permitirían el ingreso de capitales para la inversión y el desarrollo del país largo plazo.

Este anuncio inevitablemente invita a “jugar” y pensar cuáles serían las consecuencias inmediatas en la economía argentina.

Veamos:

El control a la venta y compra de divisas comenzó a fines de 2011. Desde allí, existe un conjunto de agentes que, por y para diversos motivos, no ha podido satisfacer la cantidad de dólares que desearía tener. Para ejemplificar, se afirma que las empresas extranjeras radicadas en el país destinan el 40% de sus ingresos al envío de remesas. Lógicamente, este hábito se vio restringido en los últimos años. Si calculamos la cantidad acumulada de remesas que se desean repatriar, los números ya empiezan a hablar de un salto en el valor del dólar (para nada menor) por la inmediata demanda por dólares. Esto, sin olvidar que existen pagos de importaciones que todavía no se realizaron (más demanda). Y esto, claro, sin olvidar que no es información ajena al público que el dolar va a subir en caso de liberarse el cepo de un día para el otro, lo que nos lleva a imaginar una larga cola de gente ansiando cambiar sus pesos por dólares para obtener una ganancia con la diferencia o para proteger sus ahorros ante una eventual escalada del dólar.

Hasta aquí tenemos que el valor de la moneda extranjera va a subir. ¿A cuánto? Algunos dicen que será un valor entremedio del valor del dólar oficial y el blue. Otros podemos pensar en que será, en el corto plazo, dada la excesiva demanda y teniendo en cuenta que el precandidato a presidente prometió un Banco Central que deje al dólar responder al juego de la oferta y la demanda, un valor mayor.

Discutir si las reservas alcanzarán para esta demanda es un tópico complejo que requiere del análisis de otras variables, como los vencimientos de deuda, que serían más dificiles de pagar por la devaluación, o la evolución de la disputa con los holdouts, entre otras cosas. Tal vez alcance, pero a costa de un endeudamiento en los mercados internacionales que nos haría desandar la política de desendeudamiento de la última década, con el sacrificio y esfuerzo que implicó.

Que cuando el dólar aumenta, los precios suben, no es un fénomeno de febrero del 2014. Si te cuento que ya en el siglo XIX, en plena presidencia de Pellegrini, la variación del 21% del dólar en 1988 estuvo acompañada de un 20% de inflación y que los valores para el ´89 fueron de 43% y 40% respectivamente, mientras que para 1890 45% y 56%, pensarías que no puede ser, que esos fueron los años de la belle epoque, pero no, el dólar tiene una gran influencia en la economía argentina desde hace más de cien años. Y eso que no hablamos de lo que pasó con el oro de “reserva” en la época de Rivadavía...
En fin, el fenómeno de suba de precios luego de una alteración en el tipo de cambio se denomina en la jerga pass through, y existe un amplio concenso en la literatura de que para los países emergentes es muy alto. Suba del dólar, suba de precios.

Se afirma desde algunos sectores que el tipo de cambio “está atrasado”. Que los productos argentinos “no son competitivos”. La suba de precios de la economía aumenta los costos denominados en pesos y las empresas exportadoras pierden incentivos y beneficios de la exportación. Por ese motivo, una devaluación aumentaría las exportaciones. Sin embargo, teniendo en cuenta el nivel de pass through, el efecto de una devaluación es mitigado en el cortísimo plazo por la suba de precios que provoca nuevamente el “atraso” cambiario.

Además, como afirma un trabajo realizado por Albornoz, Juárez y Garcia sobre el boom exportador argentino, las firmas que más han intensificado y diversificado sus exportaciones son aquellas que también aumentaron sus importaciones. El crecimiento de la industria requiere de un alto nivel de importaciones de insumos y tecnologías para mejorar los procesos de producción. Un alza en el valor del dólar incentiva a las exportaciones pero desalienta las importaciones, por lo que aquellos sectores que requieren de estas últimas, se enfrentan con nuevos problemas. Como vemos, determinar cuál es el mejor valor del dólar requiere estar sumamente atento a los diseños y mecanismos de toda la matriz productiva. Desde ya que también implica conocer las resoluciones y decisiones de países vecinos en esta temática como Brasil, algo que el Jefe de Gobierno de la ciudad demostró desconocer, e incluso confundir, en una entrevista radial en el programa de Jorge Lanata.

La devaluación de enero del 2014 no trajo efectos significativos en la balanza comercial (resultante de restarle el valor de las importaciones a las exportaciones). Es decir, no trajo, como se esperaba, un espectacular ingreso de dólares por las exportaciones del campo. Se podría decir que la liberación del cepo sí lo traeria por las cosechas que no fueron liquidadas a la espera de un dólar más alto, pero el lector podrá notar que de ser así, no se trata enteramente de un tema de competitividad, sino de especulación. Ni hablemos de que en enero del año pasado los sectores que aseguraban que el valor de equilibrio del tipo de cambio era de 13 pesos - 1 dólar son, en su mayoria, los mismos que argumentan que la liberación del cepo conduciría al dolar a un valor ubicado entre el oficial y el blue, por lo que no hay que alarmarse ni exagerar. Pero entonces, ¿el valor de equilibrio es el mismo que hace 14 meses aún con la inflación mayor al 25%? ¿y dónde queda el argumento del atraso cambiario?¿ o será que los intereses iban por otro lado? En fin, no nos distraigamos. Sigamos.

También se podría insistir en la necesidad de que el campo explote todo su potencial incentivado por un dólar alto para que se exporte en enormes cantidades y exista un efecto de “agrandar la torta para luego repartir”. Pero, recordemos la promesa de Macri de eliminar las retenciones, por lo que repartir se complica.

Aumento del dolar, aumento de precios, más caro importar, limitaciones al crecimiento de la industria. Caída del salario real, descenso del consumo y desempleo. Esto solo realizando un ejercicio económico de los efectos de una liberación del cepo. Si extendemos la lógica surgida de la promesa de eliminación de retenciones, tenemos una disminución abrupta de la recaudación en un contexto de cuentas fiscales que el propio candidato afirmó que hay que resolver. Si con las retenciones, el gasto ya supera a la recaudación y requiere de un ajuste fiscal... Podemos imaginar que no alcanzará con “gestionar mejor” y que, sea una reducción de planes sociales o eliminación de subsidios, el consumo caerá aún más.

Es cierto, sí, que en esta lógica, la inicial suba de precios tenga un freno luego, producido, principalmente, por el estancamiento del consumo y la actividad económica. En el largo plazo la inflación dejaría de ser un problema, sí, pero con la gente afuera.

En definitiva, los posibles efectos en la economía real no serían menores. Las condiciones macroeconómicas y la búsqueda de soluciones requieren de un plan económico atento al comportamiento de diversas variables y al estudio de las diversas aristas que entran en juego.

El cepo cambiario ha tenido sus efectos negativos, es cierto, e invita a reflexionar sobre cuál es la mejor alternativa para mitigar sus malas consecuencias. Pero esto, lejos está de permitir las promesas de campaña irresponsables que se desentienden de los intereses de una nación.

El debate está abierto.