La importación de ropa usada explotó en los primeros ocho meses de 2025 y alcanzó los u$s2,2 millones, una cifra que contrasta con los escasos u$s52.000 de 2024. La maniobra, prohibida durante más de dos décadas por razones sanitarias y ambientales, quedó liberada por completo en la administración libertaria. En una nota de Andrés Lernet para Ámbito, se lee que la mercadería llega en fardos de entre 25 y 50 kilos, mayormente desde Estados Unidos, donde las prendas no pueden incinerarse por regulaciones ambientales y altos costos de destrucción.
El sector textil enciende alarmas: aquello que en otros países se desecha, acá ingresa sin controles y sin una política industrial que proteja a los trabajadores locales. Los industriales advierten por un posible escenario similar al del desierto de Atacama, convertido en “basural del mundo” por tonelajes de ropa descartada, y señalan que hasta un 40% de la mercadería que llega termina inutilizable. La frase del secretario Pablo Lavigne —“la mejor política pública es la inexistencia”— cayó como provocación directa a una industria golpeada por el derrumbe del empleo y la producción.
El ingreso de ropa usada se combina con otro fenómeno: la masificación del made in China. Las compras vía courier marcaron un récord con un salto interanual del 289,9%, impulsadas por plataformas como Shein y Temú, pero la novedad más fuerte se siente en La Salada. Allí, según advierten fabricantes locales, dejó de predominar la producción nacional y avanzó un aluvión de textiles importados sin impuestos, desregulación mediante.
Entre reclamos por “competencia desleal”, el entramado textil denuncia incoherencias arancelarias y un tipo de cambio que destruye la capacidad de sostener empleo. Empresarios como Luciano Galfione aseguran que, pese a tener 140 empleados, hoy utilizan apenas el 20% de su capacidad instalada en un mercado donde “no se vende lo nacional pero tampoco lo importado”. La postal de fardos de ropa usada y ferias inundadas de productos asiáticos refleja, para el sector, el impacto directo de una política económica que dejó a la industria sin red.