30.11.2025 / POLÉMICA

Boom importador: ropa usada, made in China y el impacto en la Salada

La apertura total del Gobierno disparó por 40 la llegada de ropa usada y habilitó un flujo masivo de prendas descartadas en EEUU. Industriales advierten por el riesgo ambiental y por un mercado inundado de textiles asiáticos sin control, mientras La Salada se convierte en símbolo del desamparo productivo.





La importación de ropa usada explotó en los primeros ocho meses de 2025 y alcanzó los u$s2,2 millones, una cifra que contrasta con los escasos u$s52.000 de 2024. La maniobra, prohibida durante más de dos décadas por razones sanitarias y ambientales, quedó liberada por completo en la administración libertaria. En una nota de Andrés Lernet para Ámbito, se lee que la mercadería llega en fardos de entre 25 y 50 kilos, mayormente desde Estados Unidos, donde las prendas no pueden incinerarse por regulaciones ambientales y altos costos de destrucción.

El sector textil enciende alarmas: aquello que en otros países se desecha, acá ingresa sin controles y sin una política industrial que proteja a los trabajadores locales. Los industriales advierten por un posible escenario similar al del desierto de Atacama, convertido en “basural del mundo” por tonelajes de ropa descartada, y señalan que hasta un 40% de la mercadería que llega termina inutilizable. La frase del secretario Pablo Lavigne —“la mejor política pública es la inexistencia”— cayó como provocación directa a una industria golpeada por el derrumbe del empleo y la producción.

El ingreso de ropa usada se combina con otro fenómeno: la masificación del made in China. Las compras vía courier marcaron un récord con un salto interanual del 289,9%, impulsadas por plataformas como Shein y Temú, pero la novedad más fuerte se siente en La Salada. Allí, según advierten fabricantes locales, dejó de predominar la producción nacional y avanzó un aluvión de textiles importados sin impuestos, desregulación mediante.

Entre reclamos por “competencia desleal”, el entramado textil denuncia incoherencias arancelarias y un tipo de cambio que destruye la capacidad de sostener empleo. Empresarios como Luciano Galfione aseguran que, pese a tener 140 empleados, hoy utilizan apenas el 20% de su capacidad instalada en un mercado donde “no se vende lo nacional pero tampoco lo importado”. La postal de fardos de ropa usada y ferias inundadas de productos asiáticos refleja, para el sector, el impacto directo de una política económica que dejó a la industria sin red.