El dólar oficial borra la suba inicial y opera sin cambios significativos, aunque debajo de esa aparente calma se profundiza una tensión que el mercado no pierde de vista: el comportamiento de las tasas de interés. En el Banco Nación, la cotización se ubica en $1.485, mientras que el mayorista opera en $1.457. Los dólares financieros muestran movimientos acotados, con el contado con liquidación en torno a los $1.528 y el MEP cerca de los $1.485, al tiempo que el blue se vende a $1.505.
El inicio de 2026 reactiva un debate estructural de la economía argentina: cómo sostener la acumulación de reservas sin provocar un desbalance en el mercado de pesos. A diferencia de otros momentos, los operadores ya no miran un único indicador, sino una combinación de señales que, cuando se desalinean, generan presión cambiaria y ajustes inmediatos en las carteras.
En ese contexto, las tasas de corto plazo se convierten en el principal termómetro. La volatilidad en el fondeo overnight, con picos que llegan al 150%, impacta de manera directa sobre el resto del sistema financiero. Cada sobresalto obliga a recalibrar posiciones, enfría las estrategias en pesos y vuelve más exigente el análisis sobre la sostenibilidad del esquema cambiario impulsado por el Gobierno.
Las compras del Banco Central en el mercado oficial aportan un dato positivo en medio de ese escenario. La autoridad monetaria encadena siete ruedas consecutivas de saldo comprador en enero, con un total de u$s273 millones, lo que permite compensar la fuerte venta del Tesoro a comienzos de mes y llevar a terreno levemente positivo el balance consolidado del sector público en el mercado de cambios.
Sin embargo, la pregunta que ordena las expectativas sigue abierta: hasta dónde resulta viable sostener el nivel del tipo de cambio cuando conviven la necesidad de sumar reservas, administrar vencimientos de deuda, absorber pesos excedentes y ofrecer cobertura cambiaria en un contexto de tasas inestables. Una ecuación sensible que marca el pulso de un mercado atento a cada señal.