El déficit comercial de Estados Unidos alcanzó un nuevo récord histórico, incluso después de años de política arancelaria orientada a reducir importaciones y fortalecer la producción interna. El saldo entre importaciones y exportaciones cerró el año 2025 en US$901.500 millones, apenas una reducción marginal del 0,2 % respecto a 2024, y sigue siendo uno de los niveles más elevados desde 1960 según datos oficiales compilados por la
Cámara de Comercio Americana.
La cifra resulta políticamente significativa porque la imposición de aranceles fue presentada como una herramienta central para revertir ese desequilibrio. Durante su presidencia,
Donald Trump impulsó gravámenes a productos provenientes de China y de otros socios comerciales, bajo el argumento de proteger la industria estadounidense y reducir el déficit. Los datos sugieren que los aranceles no lograron reducir significativamente el desequilibrio. Por un lado, las exportaciones totales crecieron alrededor de un 6,2 %, pero las importaciones también aumentaron un 4,8 %, dejando el balance comercial todavía muy negativo.
Los aranceles afectaron miles de millones de dólares en importaciones y derivaron en represalias comerciales, especialmente por parte de China. Sin embargo, economistas señalaron desde el inicio que el déficit comercial depende de factores más amplios: el nivel de ahorro interno, el consumo, la fortaleza del dólar y la estructura productiva global.
En términos estructurales, Estados Unidos mantiene un patrón de alta demanda interna financiada en parte por capital externo, lo que tiende a sostener déficits comerciales elevados. Además, muchas empresas estadounidenses dependen de insumos importados integrados en cadenas globales de valor, lo que limita el impacto directo de los aranceles.
El dato actual reabre el debate sobre la eficacia de las barreras comerciales como herramienta para modificar desequilibrios macroeconómicos profundos. También tiene implicancias internacionales: el mercado estadounidense es uno de los principales destinos de exportación para América Latina y Asia, por lo que cualquier cambio en su política comercial repercute en múltiples economías.