Durante más de una década y media, Viktor Orbán fue el hombre que otros miraban para aprender. Los partidos de ultraderecha europeos estudiaban su manual: control de la justicia, captura de los medios, reescritura de la Constitución, y un discurso soberanista que encontró eco desde Varsovia hasta Roma. Orbán no solo gobernó Hungría: la transformó en un modelo exportable de lo que él mismo llamó "democracia iliberal".
Ese ciclo puede estar llegando a su fin.
Las elecciones parlamentarias fijadas para el 12 de abril de 2026 se perfilan como el mayor desafío electoral que enfrenta Orbán desde que asumió el poder en 2010.
Su principal rival, Péter Magyar, líder del partido Tisza, acumula alrededor de 10 puntos de ventaja en las encuestas, aunque con semanas de campaña por delante, pocos esperan un resultado tan definitivo como esa diferencia sugiere. El dato más contundente lo publicó el instituto Median, uno de los más confiables del país: entre los votantes decididos y con certeza de votar el 12 de abril, Tisza lidera 55% a 35%.
El hombre que salió del sistema
La aparición de Magyar es uno de los fenómenos políticos más llamativos de Europa en los últimos años. No llegó desde la oposición tradicional ni desde movimientos civiles. Llegó desde adentro. Era parte del círculo oficialista hasta que en febrero de 2024 se reveló que la presidenta Katalin Novák había concedido un indulto a un criminal involucrado en un caso de pedofilia. El escándalo provocó la renuncia de Novák y de la exministra Judit Varga, exesposa de Magyar, momento en que él rompió públicamente con el gobierno denunciando corrupción masiva.
En marzo de 2024, Magyar convocó una concentración en Budapest a la que asistieron decenas de miles de personas, y anunció la formación de un nuevo partido político. En pocos meses, el Tisza - cuyo nombre completo es Partido del Respeto y la Libertad - pasó de ser desconocido a convertirse en la principal fuerza opositora del país, desplazando a todos los partidos de centroizquierda que durante años intentaron sin éxito hacer frente al Fidesz.
La maquinaria del poder y sus límites
Orbán no acepta la amenaza en silencio. Influencers afines al gobierno fueron invitados a acompañar al primer ministro en su jet durante una visita a Washington. A cambio, producen contenido que retrata a Magyar y a Tisza como vendedores de los intereses húngaros.
El episodio más reciente fue el anuncio gubernamental de que estaba listo para publicar un "video sexual" de Magyar. Lo que finalmente mostraron fue una foto en blanco y negro de cámara de seguridad que mostraba a Magyar manteniendo relaciones con una adulta de forma consentida. El intento de escándalo se disolvió antes de despegar.
El sistema electoral también está diseñado para proteger al que manda. El Fidesz modificó los distritos electorales en diciembre de 2024, reduciendo los circuitos en Budapest —históricamente más opositores— y ampliando los del Condado de Pest. La oposición acusa que el efecto real es que Tisza necesita ganar por 3 a 5 puntos en el voto nacional para obtener mayoría en la Asamblea Nacional.
Orbán y su posición en el mundo
Lo que está en juego excede las fronteras húngaras.
Orbán fue el mentor europeo de Donald Trump y uno de los primeros líderes en apostar por él cuando aún era considerado un candidato improbable. Su derrota implicaría la pérdida de uno de los activos más valorados del movimiento MAGA en el viejo continente.
En la Unión Europea, el primer ministro húngaro funcionó durante años como el principal obstruccionista: bloqueó sanciones contra Rusia, dilató el apoyo a Ucrania y vetó iniciativas de cohesión. En la víspera del cuarto aniversario de la guerra, Orbán bloqueó un nuevo paquete de sanciones contra Rusia, dejando a la presidenta de la Comisión Europea y otros funcionarios con las manos vacías en su visita a Kiev.
Un cambio que no sería sencillo
La victoria de Magyar, si ocurre, no garantizaría un giro automático. El líder del Tisza promete un "cambio de régimen", pero su posición en varias políticas centrales sugiere más continuidad que ruptura. Sobre Ucrania, el programa del partido se opone a su adhesión acelerada a la UE y Magyar ha declarado que no revertiría la política de no-apoyo vigente. Su propuesta de reducir la dependencia energética de Rusia se proyecta para 2035, muy por detrás del objetivo europeo de 2027.
Para la UE, la derrota de Orbán sería simbólicamente significativa, pero no resolvería automáticamente las tensiones con Bruselas. Un análisis del historial de votaciones de los eurodiputados de Tisza muestra que, si bien están mayoritariamente alineados con las fuerzas pro-europeas, también convergen con el Fidesz en temas políticamente sensibles como Ucrania, agricultura y migración.