El 28 de febrero de 2026, un misil Tomahawk impactó la escuela primaria Shajarah Tayyebeh en la ciudad de Minab, al sur de Irán, durante los primeros ataques de la operación conjunta de
Estados Unidos e Israel contra la República Islámica. Murieron al menos 175 personas, la mayoría niñas que se encontraban en clase. Una investigación militar interna en curso,
reveleada por el New York Times, determinó que el misil fue disparado por fuerzas estadounidenses como consecuencia de un error de fijación de objetivos: el edificio estaba codificado con datos desactualizados que lo identificaban como parte de una base naval adyacente de la que ya no formaba parte desde al menos 2016.
El presidente Donald Trump negó en un primer momento la responsabilidad de su país y señaló a Irán como autor del ataque. Luego dijo que no sabía nada al respecto.
La escuela y la base
Minab es una ciudad costera de la provincia de Hormozgan, a menos de 60 kilómetros del Estrecho de Ormuz. La escuela Shajarah Tayyebeh se encuentra en la misma cuadra que instalaciones de la Marina del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), uno de los objetivos centrales de los ataques estadounidenses desde el inicio del conflicto.
La clave del error está en la historia del predio. Según la investigación del New York Times, entre 2013 y 2016 se construyó una valla que separó físicamente el edificio escolar de la base militar. Imágenes satelitales revisadas por el Times muestran que en ese período se retiraron las torres de vigilancia, se abrieron tres entradas públicas, se limpiaron los terrenos, se pintaron zonas de juego infantil y los muros fueron repintados de azul y rosa.
El sitio había dejado de ser una instalación militar para convertirse en una escuela primaria. Pero la "codificación de objetivos" que la Agencia de Inteligencia de la Defensa transmitió al Comando Central seguía clasificándolo como objetivo militar.
Una cadena de fallas
La selección de objetivos militares es un proceso que involucra a múltiples agencias. En este caso, la cadena incluyó a la Agencia de Inteligencia de la Defensa - que desarrolla y etiqueta objetivos -, el Comando Central - el cuartel general que supervisa la guerra y es responsable de verificar la información que recibe - y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial, que provee y examina imágenes satelitales de blancos potenciales.
Según las personas informadas sobre la investigación, cuando los datos de la Agencia de Inteligencia de la Defensa están desactualizados, se espera que los oficiales de inteligencia utilicen imágenes de la Agencia Geoespacial para verificar y actualizar el objetivo. Ese paso no ocurrió, o no ocurrió correctamente.
Los investigadores aún no saben por qué se enviaron datos viejos al Comando Central ni si la agencia de origen disponía de información actualizada que no fue incorporada.
Una de las hipótesis que se examina es si algún modelo de inteligencia artificial o programa de procesamiento de datos pudo haber intervenido en la selección errónea del objetivo. Según funcionarios estadounidenses, sin embargo, es poco probable que el error se deba a tecnología nueva. La conclusión a la que apunta la investigación preliminar es más mundana y más perturbadora: un error humano en tiempos de guerra, del tipo que ocurre cuando la velocidad operativa supera los mecanismos de verificación.
Las contradicciones de Trump
La respuesta pública del presidente Trump ante la evidencia acumulada sobre la responsabilidad estadounidense atravesó varias etapas. El sábado posterior al ataque, mientras volaba en el Air Force One con el secretario de Defensa Pete Hegseth a su lado, Trump afirmó: "En mi opinión y con base en lo que he visto, eso lo hizo Irán. Son muy imprecisos con sus municiones. No tienen precisión alguna."
El lunes, ante periodistas, sostuvo que Irán también podría tener misiles Tomahawk - una afirmación incorrecta - aunque luego dijo que aceptaría los resultados de la investigación. El miércoles, al ser abordado sobre el tema al salir de la Casa Blanca, respondió: "No sé nada al respecto."
La secretaria de prensa Karoline Leavitt se limitó a señalar que la investigación seguía en curso. El Comando Central, la Agencia de Inteligencia de la Defensa y el Pentágono declinaron hacer comentarios. Los investigadores que revisaron las conclusiones preliminares, según el Times, expresaron su malestar ante los intentos del presidente de eludir la responsabilidad mientras ellos documentaban lo contrario.
El marco legal
Para los expertos en derecho internacional humanitario, la naturaleza del error no elimina la responsabilidad jurídica. El principio de distinción entre objetivos militares y civiles - consagrado en los Convenios de Ginebra - exige que cualquier Estado verifique activamente la naturaleza de un blanco antes de atacarlo. La obligación de verificación no se suspende en contextos de alta intensidad operativa; al contrario, en esos contextos cobra mayor exigencia porque el margen de error humano se amplía.
El ataque a la escuela de Minab se inscribe en un conflicto que generó un número todavía no verificado de víctimas civiles en múltiples países. La Media Luna Roja iraní reportó daños en más de 10.000 estructuras civiles, incluyendo alrededor de 30 instalaciones médicas. La OMS verificó 13 ataques contra infraestructuras sanitarias. En paralelo, los ataques iraníes con misiles y drones sobre Israel, Líbano y países del Golfo también registraron víctimas no combatientes. Pero por su escala, su carga simbólica y la acumulación de evidencia sobre su origen, Minab se convirtió en el episodio que más peso puso sobre la narrativa oficial de Washington.