29.03.2026 / Entrevista PA

Martín Astarita: “Todos los golpes de Estado en Argentina se justificaron por la lucha contra la corrupción”

A cincuenta años del golpe, una investigación pone el foco en un aspecto poco explorado de la última dictadura: el uso de la “lucha contra la corrupción” como herramienta de persecución política. Martín Astarita analiza cómo ese discurso operó para construir enemigos, disciplinar dirigentes y justificar una intervención sobre el sistema político.




Martín Astarita es politólogo, investigador del CONICET y coordinador del Centro de Estudios sobre Corrupción, Integridad y Transparencia (CECIT) de FLACSO. Su trabajo se enfoca en el estudio histórico y político de la corrupción, con especial atención a su uso como herramienta de poder.

En su libro Corrupción y dictadura. Acusar, perseguir, disciplinar, analiza un aspecto poco explorado del régimen militar iniciado en 1976: la campaña anticorrupción desplegada por la Junta Militar como mecanismo de persecución política y construcción del enemigo interno.

En esta entrevista con Política Argentina, Astarita reconstruye cómo esa narrativa operó para criminalizar al peronismo, qué vínculos tiene con tradiciones liberal-conservadoras en la Argentina y por qué la lucha contra la corrupción ha sido, históricamente, un argumento recurrente para justificar golpes de Estado.

- ¿Por qué tomar la idea de corrupción como una de las variables para analizar la última dictadura militar?

El argumento principal del libro es que la última dictadura militar, en paralelo a lo que ellos llamaron la “guerra contra la subversión”, también ejecutó una “campaña anticorrupción”, por medio de la cual criminalizó a una enorme cantidad de dirigentes políticos, sociales, gremiales y empresariales. Esta campaña anticorrupción no fue estudiada, la atención de los investigadores en estos últimos 50 años estuvo centrada, muy lógicamente, en estudiar sobre todo el plano de la violencia y el terrorismo de Estado. Lo que trato de hacer es darle importancia a lo que hizo la dictadura en materia de lucha contra la corrupción, teniendo en cuenta que la propia Junta Militar, el 24 de marzo de 1976, declaró que sus dos enemigos principales eran, por un lado, los subversivos y por el otro lado, los corruptos. Eso me llamó la atención porque los ponía al mismo nivel de importancia.

- ¿A qué le atribuís ese nivel de relevancia que le dieron a la presunta lucha contra la corrupción?

Esto no fue, como se lo interpretó muchas veces, una impostura de la dictadura que venía a decir que luchaba contra la corrupción y no hizo nada, solamente fueron palabras. Por el contrario, uno observa que desde el mismo 24 de marzo hay una enorme cantidad de medidas, de decisiones, de acciones de lógica gubernamental que están orientadas a combatir lo que ellos entendían como lucha contra la corrupción. Vengo trabajando hace mucho tiempo la cuestión de la corrupción y parto de la idea de que es un concepto muy amplio, cuyo significado varía a lo largo del tiempo y no tiene una única manera de interpretarse. Y eso me habilita a estudiar históricamente los distintos significados que tiene la corrupción a lo largo del tiempo.

- En el libro decís que incluso va mutando lo que significa la corrupción a lo largo de la propia dictadura.

Claro, el libro se organiza básicamente en tres tiempos. El primero corresponde a los antecedentes de la campaña anticorrupción que ocurre entre 1974 y 1976, durante el gobierno de Isabel Perón. Esa etapa está precedida por una serie de escándalos en los que figuras prominentes del peronismo son acusadas de estar involucradas en causas de corrupción. Ahí se genera, entre sectores civiles y militares, un consenso muy amplio en torno a que el peronismo es corrupto y además fomenta la subversión. Y eso yo creo que es uno de los elementos decisivos que conducen al golpe. El segundo momento se inicia el 24 de marzo de 1976 con el desarrollo de la campaña anticorrupción ejecutada por la Junta Militar. Y, hacia el final del período, cuando la dictadura ya enfrenta una crisis de legitimidad, utiliza la campaña anticorrupción como prenda de cambio para lograr ventajas tácticas en un marco general de una fuerte crisis de legitimidad.

- ¿De qué manera la dictadura igualó la figura del corrupto con la del subversivo?

En un primer momento los toma como dos enemigos distintos. Con prioridad en el combate, pero distintos. Pero luego esas dos figuras se equiparan e incluso se fusionan. Esto es interesante porque ya en la etapa previa al golpe, hay toda una serie de intelectuales liberal-conservadores y otras figuras civiles - como empresarios, cámaras empresarias, dirigentes políticos y demás - que empiezan a construir un consenso en torno a que en la Argentina los dos grandes problemas son la corrupción y la subversión. Y que en realidad esos dos problemas son la expresión de una decadencia que atraviesa a la Argentina desde hace varias décadas, fundamentalmente desde la aparición del peronismo. Entonces ya desde el año ´74, ´75, aparece un consenso muy amplio entre sectores civiles y militares en torno a la necesidad de un cambio refundacional que tenía que operar en la sociedad argentina.

- ¿Cuál es el objetivo de la dictadura a partir de marzo de 1976 con la campaña anticorrupción?

Es una campaña muy ambiciosa en todo el país que criminaliza a una enorme cantidad de dirigentes políticos, sociales, gremiales, empresariales, gobernadores. Todos, como patrón en común, tenían su ligazón con el peronismo. Ahí hay una vocación refundacional de la dictadura, que en otros planos como el económico y el social ya se ha mostrado. A través de la campaña anticorrupción, que se conecta en muchos puntos con la guerra contra la subversión, esa vocación refundacional también se plasma en la criminalización masiva de los dirigentes políticos, sociales y gremiales. Hay un aspecto importante que hay que tener en cuenta, que es que la dictadura, desde el año ´77, es decir, bajo la primera presidencia de (Jorge Rafael) Videla, impulsó una serie de diálogos políticos con referentes políticos sociales de la época.

- ¿Con qué objetivo?

Eso lo hacía pensando en que, derrotada ya la subversión, había que empezar a pensar formas de salida hacia un camino de restauración de la democracia. Lo que encuentro en el libro es que, desde el primer diálogo en el año ´77 y hasta el año ´81, el actor sistemáticamente excluido fue el peronismo. Ahí hay mensajes muy claros. Por ejemplo, cada vez que Videla convocaba a un diálogo político, la convocatoria estaba precedida por la aclaración de que solamente iban a estar excluidos de ese diálogo los subversivos y los corruptos. Y por los corruptos, básicamente, entendía al peronismo. Cuya dirigencia, hay que recordar, estaba encarcelada en su mayoría por causas de corrupción.

- ¿Y a partir de 1981 qué pasó?

Asume (Roberto) Viola en un contexto de crisis económica, una crisis política interna dentro de la Junta Militar y demás. Entonces, lo que se propone un poco es oxigenar el Proceso de Reorganización Nacional y ahí tiene varias iniciativas. Una de ellas es retomar los diálogos políticos, pero en este caso anuncia que va a aceptar al peronismo como un actor válido para participar de estos diálogos. Y se encuentra con una férrea oposición de los sectores más duros dentro de las Fuerzas Armadas, (Leopoldo Fortunato) Galtieri entre ellos, que después va a ser presidente. Además, ya en ese momento se había conformado la Multipartidaria, los partidos tenían juego e iniciativa propia.

- ¿Qué pasó con ese diálogo?

Se frustra de alguna manera. Cuando anuncia que va a incorporar el peronismo, Viola dice “acá no hay un cambio de filosofía del Proceso sino un cambio de metodología”. Y el sector más duro le contesta que no, que ese es un cambio radical de la filosofía del Proceso y que hay que volver a las bases mismas tal cual fueron estipuladas en el ´76. Con lo cual el peronismo queda nuevamente descartado de esa mesa de diálogo. Entonces, me parece que ahí, a través de la campaña anticorrupción, uno puede observar que hay una vocación refundacional también en el plano político. Hay una idea muy permanente, muy férrea en la dictadura militar que es no tener ningún diálogo con aquellos a los que señala como responsables de la crisis y a los que identifica con el peronismo. También es interesante señalar que Videla, Viola, son muy críticos de la experiencia golpista anterior, la Revolución Argentina.

"En la etapa previa al golpe hay toda una serie de intelectuales liberal-conservadores que empiezan a construir un consenso en torno a que en la Argentina los dos grandes problemas son la corrupción y la subversión
Martín Astarita"



- ¿En qué sentido críticos?

Lo que observan es que (Alejandro Agustín) Lanusse, con su postura negociadora, fue el que terminó habilitando la vuelta del peronismo al poder. Y el peronismo en el poder había llevado a una crisis, a una degradación moral muy importante, cuyas manifestaciones principales eran la corrupción y la subversión. Un punto importante que trato de mostrar en el libro es que esta idea del peronismo corrupto aparece no solamente en la etapa previa al golpe, sino que los propios actores de la época lo conectan con la experiencia del “peronismo corrupto” de 1955.

- ¿Cómo interpretás eso?

Ahí hay una reminiscencia histórica que está muy presente en los actores de la época. Tanto los que acusan como el peronismo, que trata de defenderse y denuncia haber sido objeto de persecución a lo largo de la historia por la Revolución Libertadora en el ´55 y ahora nuevamente.

- ¿Qué fue la CONAREPA y cuál era su verdadera función en el esquema de represión?

Fue la Comisión Nacional de Responsabilidad Patrimonial. Se creó en octubre de 1977 y su objetivo principal, al menos declarado, era investigar la situación patrimonial de una extensa lista de dirigentes políticos, sociales, empresariales y obligarlos a justificar la legitimidad en la adquisición de estos bienes. Funcionaba de manera inconstitucional y arbitraria porque invertía la carga de la prueba. Es decir, si estos dirigentes no podían justificar su compra, esos bienes eran transferidos al Estado Nacional. Muchos dirigentes sufrieron ese accionar, incluyendo a la ex presidenta Isabel Perón. Lo que busco mostrar en el libro es que, en realidad, el grueso de las causas de corrupción contra estos dirigentes ya habían sido tomadas en el año anterior, en 1976, y que en realidad la creación de la CONAREPA responde a un objetivo más de tipo económico.

- ¿A qué objetivo económico?

La CONAREPA tenía como una de sus funciones administrar el patrimonio y los bienes enajenados a los dirigentes acusados por causa de corrupción. Por eso recién se crea en el año ´77, cuando a la dictadura le interesa quedarse con el patrimonio de los Graiver, un grupo empresario que estaba acusado de haberse quedado con el dinero del secuestro de los Born por parte de Montoneros en el ´74. La dictadura está obsesionada con recuperar ese dinero y quedarselo. A partir del ´77, la dictadura declara que su objetivo es luchar contra la corrupción y la subversión económica. Entonces se inicia una investigación muy fuerte contra el grupo Graiver. Ahí hay una muestra también de cómo la dictadura, que asumió anunciando que iba a luchar contra la corrupción y que eso responde a un mandato social de un grupo social muy extendido, al mismo tiempo empieza a instrumentalizar la campaña anticorrupción con otros fines.

- ¿Qué similitudes y diferencias encontrás entre aquel uso político de la lucha contra la corrupción y casos más actuales?

La corrupción es un concepto fascinante porque, entre otras cosas, se presta a distintos usos políticos. Uno de ellos, por ejemplo, tiene que ver con cómo los discursos anticorrupción sirvieron en la década de los ’90 para implementar reformas neoliberales. Pero también hay otro uso político, para mí clave en la investigación, y es que a lo largo del siglo XX todos los golpes de Estado en la Argentina fueron justificados con el argumento de la lucha contra la corrupción: en 1930, en 1955 y en 1976. Una de las ideas fuertes del libro es que la corrupción tiene distintos significados y que hay que estudiar el contexto histórico en el cual aparece cada uno. Eso abre la puerta a pensar qué significaba concretamente la corrupción en cada uno de esos momentos. Ahora bien, lo que sí aparece como constante es que este argumento está muy arraigado en tradiciones liberal-conservadoras.

- ¿Y eso tiene alguna continuidad en la democracia actual?

Ahí aparece una hipótesis interesante. Por ejemplo, (Mauricio) Macri llevó adelante una campaña anticorrupción bastante ambiciosa, con un montón de medidas de lucha contra la corrupción, de criminalización y también medidas de herramientas de transparencia e integridad. (Javier) Milei también declara desde el principio que viene a luchar contra la casta política corrupta, que es la causa de todos los males de la sociedad argentina. ¿Hay alguna conexión ahí en torno a la identidad ideológica, si se quiere, de los liberal - conservadores que ubican al peronismo sobre todo como un movimiento esencialmente corrupto y por lo tanto que hay que, de alguna manera, extirpar de la sociedad porque es causa de todos los males? Ahí podría haber una conexión ideológica. Otra hipótesis es que tanto Milei como Macri de alguna manera se presentaron en su momento como outsiders, por fuera del sistema político y que vienen a combatir toda la corrupción que corroe el sistema político.

- ¿En qué lo diferenciaría eso?

Entonces quizás no es sólo una cuestión ideológica, sino la identidad, el lugar donde se posicionan ellos, lo que les permite presentarse como garante de la transparencia, la integridad y la lucha contra la corrupción. Ahí podría haber una conexión, por ejemplo, en cómo se presentan estos líderes por fuera del sistema político y lo que hicieron las Fuerzas Armadas durante todo el siglo XX, que se presentaban como un árbitro impoluto, no contaminado, por fuera del sistema político. Ahí me parece que hay una conexión.

- ¿Qué efectos te parece que pueden tener estas campañas anticorrupción como la de la dictadura sobre el sistema democrático?

Muchas veces, en las sociedades democráticas actuales, el argumento de la lucha contra la corrupción encabeza las preferencias de la ciudadanía. Eso tiene muchas veces consecuencias muy dañinas para el juego democrático. Entonces ahí hay que repensar un poco hasta qué punto o con qué metodología se pueden llevar adelante estas campañas anticorrupción.

- También mencionás en el libro que esas campañas generalmente se vuelven en contra del que las impulsa.

Sí, la dictadura había desarrollado una campaña anticorrupción muy ambiciosa. Hacia el final del Proceso se vuelve un efecto boomerang, cuando los propios funcionarios son acusados por causas de corrupción. Y uno de los consensos antidictadura muy fuertes que se conforma es en torno a que el régimen militar está atravesado por muchos casos de corrupción, por una corrupción estructural. E incluso esto se traslada a los primeros tiempos de (Raúl) Alfonsín, quien no solamente promueve investigaciones por los delitos de lucha contra la subversión, contra la denominada subversión, los delitos represivos, sino también investigaciones por causas de corrupción de los principales funcionarios del régimen militar. Entonces lo que trato de poner ahí como hipótesis es que si los liberal-conservadores ubican a la corrupción como un tema muy potente para llevar adelante sus objetivos políticos, en el espacio contrario, que uno podría llamar nacional-popular, también surgen iniciativas en materia de lucha contra la corrupción.

- ¿Por ejemplo? 

Néstor Kirchner en el 2003 tuvo toda una agenda en materia de lucha contra la corrupción, donde se asociaba el tema de la corrupción con los empresarios del neoliberalismo, que habían hecho negocios ilícitos y demás en contra del Estado, en contra de los intereses populares. La corrupción es un concepto muy potente porque uno, a través del estudio de la corrupción en términos históricos, puede descifrar aspectos claves de las identidades políticas de los actores protagónicos en la Argentina.

- A cincuenta años del golpe, ¿qué conclusiones aporta tu investigación sobre el uso de las causas por corrupción para anular identidades políticas?

Creo que una de las vías a través de las cuales pude redescubrir nuevos aspectos de la última dictadura militar fue a partir del tema de la corrupción, un tema que está muy vigente en la sociedad actual. Me parece que hay una relación interesante entre el presente y el futuro. Muchas de las problemáticas que hay en la actualidad, si uno las piensa y trata de enfrentarlas y analizarlas te llevan a conectarte con el pasado. Y a través de las preguntas que tenés en el presente, uno puede repreguntar y repensar el pasado, que es un poco lo que traté de hacer en mi libro. Tratar de ver la vinculación de una problemática muy candente en la actualidad con nuestra historia reciente.

- ¿Qué preguntas tenías vos para ese pasado?

Si la dictadura fijó en sus inicios como objetivo la lucha contra la subversión y la corrupción, hasta el momento la investigación se había centrado, por razones lógicas y obvias, en la lucha contra la subversión. Mi objetivo fue tratar de volver a ese otro objetivo declarado por la propia dictadura. Obviamente, cuando uno escucha a Videla decir que viene a luchar contra la corrupción, despierta suspicacias y lo cree como parte de una impostura. De hecho, por ejemplo, cuando lees el informe final de la CONADEP, lo que se dice es que se reconoce que la dictadura venía a luchar contra la corrupción y hay una frase para mí muy sintomática que dice que eso no fue así, sino todo lo contrario, y lo sabe todo el pueblo argentino. Es decir, el diagnóstico era que la dictadura decía eso porque era una impostura, un doble discurso, que nada de eso iba a ser.

- Entonces, ¿no era una impostura?

Lo que digo no es que la dictadura luchó contra la corrupción sino que se propuso enfrentar lo que ellos entendían como corrupción que era el peronismo. Y en torno a eso había todo un mandato social de sectores civiles, eclesiásticos, militares que presionaban para combatir la corrupción. Entonces mi objetivo en la investigación es tratar de mostrar cómo el tema es interesante en sí mismo. Seguir esta cuestión porque hay discursos, medidas, acciones y lógicas que se pueden entender a partir de eso. Pero además, algo que apareció en la investigación fue dialogar permanentemente con investigaciones en torno al combate a la subversión, porque los temas estaban vinculados. Ahí es donde los estudios históricos sobre corrupción y anticorrupción permiten iluminar dimensiones clave de la política argentina.

Encontrá todas nuestras entrevistas en YouTube y Spotify
etiquetas