
La guerra en Sudan, que comenzó en abril de 2023, ha generado una crisis humanitaria de proporciones sin precedentes que permanece largamente invisible en la agenda mediática internacional.
Con 14 millones de personas forzadas a huir y uno de cada cuatro sudaneses desplazado, esta es actualmente la mayor crisis de desplazamiento global, superando conflictos que reciben mayor cobertura como el de Medio Oriente. La violencia sistemática, el colapso de servicios básicos y la falta de financiamiento internacional han creado una situación que expertos denominan insostenible.
El conflicto, originado en abril de 2023 como un enfrentamiento por el poder entre el general Abdel-Fattah al-Burhan y su exsubordinado Mohamed Hamdan Daglo, se ha transformado en una guerra que devasta territorios enteros. En Darfur, donde ocurrieron genocidios hace dos décadas, vuelven a repetirse patrones de violencia masiva: masacres contra grupos étnicos, ataques aéreos y bombardeos de drones que generan nuevas olas de desplazamiento.
La ciudad de Al-Faschir y el campamento de refugiados Samsam fueron sitios de combates particularmente intensos.
Según UNHCR, la violencia incluye violación sexual sistemática, reclutamiento forzado, detenciones arbitrarias y crímenes contra civiles sin mecanismos de justicia que funcionen.
Mujeres y niños: las víctimas principales
Las mujeres y niñas enfrentan riesgos extremos. En el campamento de Aboutengé, ubicado en el este de Chad a apenas 50 kilómetros de la frontera sudanesa, viven 47.000 refugiados, mayormente mujeres y menores. Reportajes de corresponsales en terreno documentan casos de mujeres violadas sistemáticamente durante la huida, algunas embarazadas por sus agresores.
Los niños han crecido inmersos en la violencia. En centros de protección dentro de los campamentos, educadores reportan que inicialmente los menores solo dibujaban fuego y armas; hoy lentamente recuperan la capacidad de pintar flores y objetos cotidianos. Sin embargo,
aproximadamente 30.000 niños y adolescentes en Aboutengé no tienen acceso a educación secundaria ni opciones de capacitación laboral. Muchos adolescentes varones, algunos de apenas 13 o 14 años, contemplan arriesgarse en viajes hacia Libia y Europa como única salida visible. Más de 58.000 menores llegaron solos a países vecinos, separados de sus familias durante la huida.
Financiamiento insuficiente y colapso de servicios
La región se quiebra bajo el peso de la acogida.
Chad, uno de los países más pobres de África, ha recibido aproximadamente 920.000 refugiados sudaneses, saturando un sistema que carece de recursos. Egipto y Sudán del Sur enfrentan presiones similares. La financiación internacional es catastrófica: UNHCR ha recibido solo el 16% de los 2.800 millones de dólares necesarios para asistencia dentro de Sudan, y apenas el 8% de los 1.600 millones requeridos para la respuesta regional
Las consecuencias son visibles en los detalles cotidianos. Las raciones de agua y alimentos se han reducido. Hay escasez severa de productos de higiene menstrual. Una niña de primaria en Aboutengé expresó su única aspiración: tener un uniforme escolar como el de las escuelas de la ciudad, porque posee un único vestido. Maestros que alguna vez trabajaron en ministerios de educación ahora enseñan sin saber cómo infundir esperanza mientras la guerra entra en su cuarto año.
La ruta desesperada hacia Europa
Frente a la falta de perspectivas en Sudan y en los países de acogida,
un número creciente de sudaneses emprende el peligroso viaje a través de Libia hacia Europa. Entre 2024 y 2025, más de 14.000 sudaneses llegaron a Europa, un aumento del 232% desde el inicio del conflicto. Estos movimientos no responden a oportunismo sino a la ausencia total de opciones de paz y dignidad.
UNHCR advierte que sin atención renovada de la comunidad internacional, financiamiento sostenido y, fundamentalmente, un acuerdo de paz, la crisis seguirá expandiéndose. El costo humanitario y geopolítico de ignorar la mayor crisis de desplazamiento del mundo es uno que ni Sudan ni la región pueden seguir pagando.