La acumulación de reservas del Banco Central de la República Argentina volvió al centro del debate económico tras conocerse que ya alcanzó cerca del 70% de las metas previstas para 2026. Sin embargo, detrás de ese dato que el oficialismo utiliza como bandera, aparecen señales de alerta sobre la capacidad real de sostener esos dólares en el tiempo.
Según explicó Auxtin Maquieyra, de Silent Inversiones, “este año el Banco Central tenía pautado acumular entre 10.000 y 17.000 millones de dólares en todo el año. Ya ha acumulado alrededor de 7.200 millones en compras”. El dato marca un ritmo acelerado de adquisiciones bajo la gestión de Javier Milei, pero no despeja la principal incógnita del modelo.
El propio analista advirtió sobre el talón de Aquiles del esquema: “Lo que está costando es retener esas reservas, que era algo esperable de todos modos, por los pagos de deuda del Tesoro principalmente”. En otras palabras, los dólares ingresan pero rápidamente vuelven a salir, lo que limita el fortalecimiento genuino del balance del Central.
Otro punto que enciende luces amarillas es el origen de los ingresos. Hasta ahora, la acumulación no estuvo impulsada por el sector agroexportador —históricamente el principal generador de divisas— sino por colocaciones de deuda y movimientos de la cuenta financiera. Esto refuerza la dependencia de capitales externos en un contexto internacional volátil.
De cara a los próximos meses, la llegada de la cosecha gruesa podría aportar oxígeno y sostener la calma cambiaria. Sin embargo, la discusión de fondo persiste: si la estabilidad actual se apoya en endeudamiento y factores transitorios, el margen de maniobra del Banco Central seguirá condicionado y expuesto a cualquier cambio en el escenario financiero.