Históricamente a Estados Unidos e Israel los une una relación casi como de padre e hijo. Ésto se puede comprobar con sólo ver las posturas en las asambleas de la ONU, las visitas entre mandatarios y la ayuda económica, además de comercio, entre los dos países. Pero en este último tiempo, el que protagonizó
Barack Obama al frente de EE.UU, surgieron numerosos cruces que llegaron a plasmarse
mediáticamente, demostrando que hay un distanciamiento diplomático marcado.
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Barack Obama y Benjamín Netanyahu[/caption]
El foco de conflicto más visible es en relación al
Pueblo palestino. El Gobierno de Obama siempre mantuvo firme su posición a favor de la solución por medio de la formación de dos Estados, y para eso criticó todos los anuncios de construcción de nuevos asentamientos israelíes en tierras palestinas. Las últimas reuniones entre los representantes de los tres gobiernos finalizaron, luego de la oposición norteamericana a la
expansión israelí, en la conocida operación "Margen Protector" contra Palestina. Días antes el secretario de Estado estadounidense,
John Kerry, mantuvo reuniones con dirigentes de Turquía y Catar para involucrar a los vecinos regionales en "
poner fin a los ataques con cohetes procedentes de Hamas". Ante esto, diversos medios israelíes criticaron duramente al funcionario, gesto que puertas adentro, para Estados Unidos, se trató de un desplante por parte del Presidente hebreo.
Durante la operación israelí sobre Palestina, el Gobierno de Obama buscó moverse para que termine cuanto antes, aunque nunca tomando alguna decisión en contra de su histórico aliado. Fue repetida la imagen del Secretario de Estado estadounidense reuniéndose en Egipto con diferentes mandatarios de la región para lograr el cese del fuego. Probablemente este gesto, en vez de posicionarse en defensa suya, cayó mal en el seno del
gobierno de Netanyahu. También es cierto que las relaciones militares entre ambos países no sufrió ningún cambio: el Domo de Hierro con el que Israel interceptó los misiles de Hamas fue financiado con dólares norteamericanos, además de los US$225 millones que, según decidió su
Parlamento, entregará para reforzarlo. No hay dudas, para los dirigentes, de que Israel tiene que seguir siendo una potencia militar en la zona, pase lo que pase.
Otro de los desencuentros que desgastaron la relación entre los dos Gobiernos fue la decisión de Estados Unidos de sólo imponer sanciones a Irán por su plan nuclear. Obama siempre se posicionó en contra del enriquecimiento de uranio iraní, pero lejos de invadir o presionar militarmente, decidió, junto con el
Grupo 5 + 1 (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia- más Alemania),
negociar para llegar a un acuerdo. Israel, por su parte, buscó siempre ser mas duro para que "
Irán no quede en el umbral de ser una potencia nuclear", dejando en claro que las sanciones no deberían ser levantadas. Las charlas entre los siete países continúan dándole un margen de maniobra a Rohani, presidente iraní, para desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos, a pesar de Netanyahu.
Un tercer frente de desacuerdo fue la intervención estadounidense en Siria luego de que el Presidente Bashar Al Assad usara armas químicas para combatir a la oposición armada. Obama, cuando casi estaba enviando sus tropas (y armando a los opositores), se topó con la decisión de Rusia en intervenir en el conflicto proponiendo un plan de eliminación del armamento químico. Nuevamente mediante el diálogo. Israel quedó pidiendo una intervención que despojara a un antiguo enemigo del medio, pero una vez más, contrario a la historia de la relación, Estados Unidos tomó una postura más moderada.