20.03.2026 / MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

Los primeros archivos desclasificados de la SIDE: desclasifican documentos de la dictadura que exponen espionaje interno

El Gobierno difundió 26 documentos del organismo de inteligencia entre 1973 y 1983. Aunque confirman prácticas como infiltraciones y uso de identidades falsas, la información no aporta revelaciones sustanciales y abre interrogantes sobre el recorte elegido.




A días de cumplirse 50 años del golpe de Estado, el Gobierno avanzó con la desclasificación de archivos de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) correspondientes al período 1973-1983. La publicación incluye 26 documentos oficiales, reunidos en casi 500 páginas, que describen el funcionamiento interno del organismo durante los años previos y posteriores a la última dictadura. El material fue difundido a través de canales oficiales junto con una guía explicativa para facilitar su lectura. Según se informó, los documentos serán enviados al Archivo General de la Nación para su consulta pública.

Si bien la desclasificación tiene valor desde el punto de vista documental, el contenido no presenta, en esta primera etapa, información sustancialmente novedosa. Los textos confirman prácticas ya conocidas sobre el accionar de la SIDE, pero no incluyen nombres propios ni detalles concretos sobre operaciones específicas. No aparecen referencias directas a políticos, sindicalistas, periodistas o figuras de la cultura que hayan sido objeto de seguimiento, a pesar de que está ampliamente probado que el organismo desplegó tareas de inteligencia sobre esos sectores.

En ese sentido, más que revelar, los documentos sistematizan y formalizan aspectos que ya formaban parte del conocimiento público o de investigaciones previas. Otro de los puntos que genera interrogantes es el período elegido para iniciar la desclasificación. Los archivos comienzan en 1973, antes del golpe militar de 1976, una decisión que se alinea con la postura del gobierno de Javier Milei de ubicar el inicio de la represión en los años previos a la dictadura, durante los gobiernos de Juan Domingo Perón e Isabel Martínez.

Esa selección temporal no es neutra: refuerza una interpretación política sobre los orígenes del terrorismo de Estado que viene siendo impulsada desde sectores oficiales.

ESPIONAJE, INFILTRACIÓN Y CONTROL SOCIAL

Más allá de las ausencias, los documentos permiten reconstruir con mayor detalle el funcionamiento cotidiano de la SIDE. Allí aparece con claridad la centralidad que tuvieron las tareas de infiltración y espionaje, no solo sobre organizaciones consideradas “subversivas”, sino también en ámbitos como la universidad, el sindicalismo, la cultura y los medios de comunicación. Uno de los aspectos más significativos es la formalización del encubrimiento como práctica institucional. Hacia fines de 1975 se establecieron normas específicas que regulaban el uso de identidades ficticias para agentes y dependencias.

Los integrantes del organismo debían firmar documentos con nombres falsos, utilizar códigos para referirse a áreas internas y evitar cualquier mención directa a la estructura real. Esta lógica también se extendía a las comunicaciones telefónicas y a los contactos personales: incluso dentro de la propia SIDE, los agentes se identificaban mediante alias.

LA LÓGICA DE LA GUERRA FRÍA

Los archivos también muestran cómo el trabajo de inteligencia estaba atravesado por la lógica global de la Guerra Fría. La SIDE contaba con delegaciones en distintas ciudades del país —como Córdoba, Mendoza, Tucumán y Rosario— y con áreas dedicadas a la inteligencia internacional. Entre sus tareas figuraba la producción de información sobre la Unión Soviética, China y otros países del sudeste asiático, así como el seguimiento de organizaciones vinculadas al comunismo a nivel mundial.

La existencia de departamentos orientados a la “subversión mundial”, el análisis sociopolítico y las organizaciones armadas refleja una estructura pensada para monitorear y neutralizar actores considerados enemigos en el marco de la estrategia anticomunista promovida por Estados Unidos en la región.

ENTRE LA MEMORIA Y EL RELATO

La desclasificación había sido anunciada un año atrás, durante un nuevo aniversario del Día de la Memoria. En ese momento, el vocero presidencial Manuel Adorni sostuvo que la iniciativa respondía a una orden directa de Milei y la vinculó con la implementación de un decreto firmado en 2010 por Cristina Fernández de Kirchner. Desde el Gobierno aseguran que el objetivo es “contar la historia completa”. Sin embargo, la falta de nombres, operaciones concretas y responsabilidades individuales en esta primera tanda deja abierta una pregunta: cuánto aporta realmente este material al esclarecimiento del funcionamiento del aparato de inteligencia durante uno de los períodos más oscuros de la historia argentina.

Por ahora, los documentos confirman lo que ya se sabía: que el espionaje estatal fue amplio, sistemático y atravesó todos los ámbitos de la vida social. Pero también muestran los límites de una desclasificación que, al menos en esta etapa, parece más orientada a ordenar el relato que a revelar sus zonas más incómodas.