No todo es armonioso en el frente Cambiemos, que conforma la coalición entre la Unión Cívica Radical (UCR), el PRO y la Coalición Cívica-ARI. A pocos días del cierre del plazo para la presentación de candidaturas para las PASO, hay discusiones y roces en el armado de listas, especialmente en el Gran Buenos Aires.
En la mayoría de las provincias, el acuerdo se selló rápidamente y sin heridas con una misma estrategia: quien mide mejor en las encuestas encabeza la fórmula y quien mide menos, acompaña desde el segundo lugar en la fórmula o el primer lugar en la lista de diputados nacionales.
Así sucedió, entre otras provincias, en La Pampa -donde el radical Francisco Torroba irá como candidato y el macrista Carlos Mac Allister como primero en la lista de diputados-. En cambio, en las que ambos tienen dirigentes competitivos o no llegaron a un acuerdo, como en Entre Ríos, irán a primarias. En tanto, se les dio libertad plena a los candidatos a apoyar más de un candidato a Presidente.
No obstante, en la provincia de Buenos Aires las dificultades son mayores. No en el interior provincial, donde el radicalismo es tradicionalmente más competitivo (tiene candidatos con chances en cerca de 50 municipios) sino en el conurbano, donde el electorado tiene una fuerte impronta peronista y por ende, el radicalismo tiene menores chances de presionar sobre el armado de listas y candidaturas.
Tal es así que finalmente el vice de María Eugenia Vidal será el peronista Cristian Ritondo, a pesar de que los operadores bonaerenses del radicalismo -Federico Storani, Ricardo Alfonsín y Miguel Bazze, principalmente- le habían expresado su malestar a sus pares del PRO -Emilio Monzó y Federico Salvai, básicamente-, porque consideraban que el lugar debía ser para un radical, en lugar de un justicialista. Hasta hace unos días, como contaba Política Argentina, el intendente massista de San Miguel, Joaquín de la Torre, negociaba un acuerdo con el PRO para ocupar el segundo lugar en la fórmula macrista.
Pero el malestar en el radicalismo va más allá. En muchos municipios, como sucede en Junín o San Isidro, el PRO y la UCR competirán en primarias por la candidatura a intendente y en muchos otros, coincidirán con un mismo candidato pero deberán ponerse de acuerdo en torno a los candidatos a concejales.
El problema en este último caso es que dado el sistema de asignación de lugares en el Concejo Deliberante, en muchos partidos, es el partido del intendente el que se queda con una amplia mayoría de los concejales (incluso en algunos casos, con el 100% del HCD). Por eso, hay pocos lugares para negociar y donde, por ejemplo, el PRO le cede el quinto lugar en la lista, en verdad puede no estar cediéndole ningún potencial concejal efectivamente.
Para peor, en muchos lugares, Elisa Carrió está impugnando a viejos dirigentes radicales acusándolos de ser "de la vieja política" e "impresentables", lo que genera aún más rispideces en el fino armado de listas que se está negociando en la provincia.
Ante este escenario, en el Frente Renovador apuntan a aprovechar la grieta que se está armando en algunos municipios para sumar radicales desencantados a su armado, según le confió a Política Argentina uno de los intendentes de mayor confianza de Sergio Massa.
"El gobernador en la provincia de Buenos Aires lo pone el Presidente. Es más importante tener un buen vice para completar la fórmula con Sergio (Massa) que tener un buen candidato a gobernador. Si hacemos bien las cosas a nivel nacional, eso arrastra votos a la provincia", explicó el jefe municipal massista a PA e insinuó que un radical podría integrar la fórmula bonaerense. "Van a ser del Frente Renovador o de alguna de las alianzas que estamos tejiendo", especuló.